EL CONSEJO DE ESTADO LE PONE PAUSA AL “REORDENAMIENTO TERRITORIAL” DE LA SALUD

Imagínese por un momento que recibe una carta (o peor, una notificación por app) de su EPS: “¡Felicidades! A partir de hoy usted y su familia pertenecen a la Nueva EPS. Su médico de confianza queda a tres horas en bus, su tratamiento en pausa y cualquier queja, espere en la fila virtual”. Suena a episodio de humor negro, pero para casi 6,6 millones de colombianos eso estaba a punto de ser la nueva realidad con el Decreto 0182 de 2026. Menos mal que el Consejo de Estado, con el olfato de un buen portero, atajó el balón antes de que entrara.

El 4 de mayo de 2026, la Sección Primera del Consejo de Estado suspendió provisionalmente este decreto del Gobierno, expedido en febrero. La norma buscaba reorganizar el aseguramiento en salud con un enfoque “territorial y poblacional”: menos EPS por municipio o región, supuestamente para ganar eficiencia, y traslados masivos de afiliados (muchos hacia entidades intervenidas como Nueva EPS). El objetivo oficial era ordenar el mapa y fortalecer la atención en zonas apartadas. El riesgo práctico: acabar con la libre escogencia y mover gente como piezas de ajedrez sin preguntar si el nuevo tablero les convenía.

El alto tribunal, en un auto de decenas de páginas, concluyó que la medida generaba un “periculum in mora” (peligro de daño inminente e irreversible) al derecho fundamental a la salud. Específicamente, amenazó la libre escogencia del usuario, la continuidad de los tratamientos, la accesibilidad y la calidad del servicio. En cristiano: cambiar de EPS no es como cambiar de operador de celular. Aquí hay historias clínicas, quimioterapias en curso, confianza en especialistas y, sobre todo, vidas humanas que no pueden quedar en “transición administrativa”.

¿Por qué le debe importar esto aunque no sea magistrado ni ministro?

Porque la salud es el gran igualador. Da igual si usted es ejecutivo en Bogotá o campesino en La Guajira: cuando duele de verdad, quiere decidir (o al menos no que le decidan por decreto) dónde lo atienden. Esta suspensión protege a millones de familias de un cambio abrupto que podría desestabilizar aún más un sistema que ya cojea de varios pies.

Para las empresas y empleadores, la noticia también es relevante. La inestabilidad en salud se traduce en más incapacidades, ausentismo, trámites caóticos y posibles tutelas colectivas. Si el decreto hubiera avanzado sin freno, muchas compañías habrían tenido que acompañar a sus colaboradores en un verdadero “cambio de casa” sanitario, con el estrés y los costos que eso implica.

 

No faltarán quienes griten que el Consejo de Estado “frena el progreso” o “defiende el desorden actual”. Otros lo celebrarán como si hubieran salvado el Sistema General de Seguridad Social entero. La verdad, como casi siempre, está en el gris: el sistema necesita reformas profundas (eso es innegable), pero no se puede “optimizar” a costa de tratar a los usuarios como paquetes de encomienda que se reasignan según el código postal.

Esta decisión refuerza el rol de los jueces como guardianes de los derechos frente a reformas que, aunque bien intencionadas, pueden generar más problemas que soluciones si no pasan por el filtro constitucional. Mientras el caso se decide de fondo, el mensaje es claro: en salud, el “efecto sorpresa” no es bienvenido.

¿Qué puede hacer usted mientras tanto? Revise su afiliación actual, guarde sus historias clínicas como tesoro, conozca sus derechos de libre escogencia y continuidad, y si es empresario, prepare un pequeño plan de contingencia por si el tema vuelve a calentar. En nuestra firma celebramos esta clase de decisiones porque protegen el Estado de Derecho sin oponerse al cambio necesario. Creemos en reformas ordenadas, predecibles y respetuosas de las garantías constitucionales. De lo contrario, terminamos con más tutelas, más incertidumbre y menos salud real.

Al final del día, el Consejo de Estado le recordó al Ejecutivo que, aunque urge mejorar el sistema, no todo vale por decreto. Y eso, queridos lectores, es una buena noticia para los más de 50 millones de colombianos que, tarde o temprano, necesitaremos un buen médico… sin que nos cambien de EPS como quien cambia de canal en la tele.

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